CIENCIA Y DEMOCRACIA en Ludus Vitalis

La antigua y muy prestigiosa revista Ludus Vitalis editada por el Centro Vicente Lombardo Toledano de México me solicitó un comentario  a dos acuciantes preguntas sobre el tema de la relación entre Ciencia y Democracia en la sociedad contemporánea. A continuación reproduzco tales preguntas y mis repuestas que fueron publicadas con el título ¿QUIÉN ES EL CIUDADANO? ¿KANE? en el vol. XXIV, #46, pp. 155-158 de la mencionada revista científica

Primera pregunta: ¿Están los ciudadanos en condiciones de incorporar el espíritu científico (el compromiso con el conocimiento, el régimen de objetividad, atender a lo que no es obvio, etc.) en sus deliberaciones públicas?

Segunda pregunta: ¿Es ello requisito necesario para la democracia?

Nuevamente recibo la honrosa invitación a participar en un foro de Ludus Vitalis y nuevamente intentaré centrarme alrededor de preguntas por las que me siento concernido. Nuevamente también cuestionaré las presuposiciones que subyacen a las interrogaciones. Es un vicio profesional; ni modo. Esto me recuerda al clásico chiste:

“-¿Porqué ustedes, los judíos, responden siempre a una pregunta con otra pregunta?

-¿Y qué tiene eso de malo?”

¿Cuáles son esas presuposiciones? Primero: que “los ciudadanos” (¿?) participan en “deliberaciones públicas”. ¿Quiénes? ¿Cuándo? Yo no las recuerdo. Sí he visto muchas veces a presuntos “expertos” (pundits) discutir en radio y televisión sobre asuntos relacionados con la ciencia y su “espíritu”. Los “ciudadanos” no son llamados a intervenir; son “informados” y transformados en receptores pasivos.

En esas “deliberaciones” ¿qué y quién se libera y de qué? ¿De su condición de miembros de una masa televidente que está capturada en una competencia por esa mercancía cada vez más escasa y más cara que es el “tiempo de atención” necesario para tener al sujeto cautivo antes de que, apretando un botón del control remoto, cambie de canal?

De ahí la pregunta fundamental ¿qué, quién, es un “ciudadano” en esta teledemocracia?

La “objetividad” ¿es un régimen? ¿o será una regimentación de la renuncia a la subjetividad que se ve reducida a “picar” un ícono con el pulgar hacia arriba (like) o hacia abajo (dislike) con lo cual se confecciona una “encuesta” que responde “científicamente” a la aceptación por esa ciudadanía del menú de las opciones impuestas por los mass-media?

Este “espíritu científico”, tan grato a la epistemología y tan repetido en los títulos de los libros de Bachelard, tanto que parece ser él quien inventó el concepto, ¿tiene algo que ver con el “espíritu del capitalismo” que remite al título de la obra de Max Weber en su relación con la “ética protestante”?

“Atender a lo que no es obvio”. ¿No es obvio que “la ciencia” (puede que esta expresión deba ser leída en plural: las ciencias) es una empresa integrada a un sistema hipercapitalista donde tiene funciones esenciales ligadas al sostenimiento de un vasto engranaje político-industrial-militar-financiero que decide cuáles son los temas que se investigan siempre con vistas a la utilidad y rentabilidad del estudio.

¿No es obvio que la ciencia, mediante sus aplicaciones tecnológicas, domina el mundo contemporáneo en lo material y en lo espiritual de un modo que jamás consiguió ninguna religión ni todas las religiones juntas? Es lo que se llama globalización.

¿No es obvio que la ciencia tiene un espíritu que es una mercancía que se vende al mejor postor: medios, compañías farmacéuticas, estados, ejércitos? (y no sigo). ¿Es eso culpa de la ciencia? De ningún modo. “La ciencia” (los científicos) calcula y es ajena a lo que se hace con sus cálculos o las aplicaciones técnicas que de ellos se derivan. Eso forma parte de su “espíritu”. Lo contrario sería quitarle objetividad y contaminarla hasta transformarla ¡Dios no lo quiera! en una rama de la política.

¿No es obvio que la ciencia es una empresa universal hasta tal punto que existe la idea de instalar una ciudad en aguas extraterritoriales?

¿No es obvio que el sujeto no es tan solo un organismo sino una compleja construcción que incluye a sus órganos “naturales” y a los adicionales, los “dispositivos” adheridos a él y que son unn instrumento de su vida social? Eso siempre fue así, por lo menos desde la invenciòn de la escritura, es decir desde el comienzo de la historia y, con la sucesiòn de los adelantos tecnológicos, hoy los tecnocientíficos, la complejidad del sujeto-ciudadano se ha ido incrementando así como su dependencia de esas prótesis indispensables para su sobrevivencia social. A punto tal que él mismo, su propio organismo, está supeditado a los productos “científicos” con los que ha sido dotado por la cultura. A punto tal que es una “terminal” de la red, de la telaraña que lo envuelve y lo masifica como telespectador de procesos en los que no tiene arte ni parte, de jugador en videojuegos donde se juega con él, en fuente de metadatos que saben sobre él y su “perfil” más de lo que él sabe sobre sí mismo.

Es la consecuencia del pasaje de las sociedades industriales (sociedades disciplinarias, decía Foucault) a las sociedades postindustriales (sociedades de control, según la afortunada expresión de Gilles Deleuze).(Nota al pie ‘1’) Un sistema impersonal “sabe” y controla o puede controlar todas sus acciones y hasta penetrar en sus procesos cerebrales regulándolos por telecomando. No estoy hablando de una sociedad distópica del futuro sino de la concreción actual de las viejas profecías de E. M. Forster (The machine stops, 1909) y de Orwell (1984, 1948). La ciencia, de cuyas ventajas todos nos aprovechamos, incluyendo el autor de estas líneas escritas en su laptop, ha transformado la vida en todos sus aspectos, el biológico, el social y el mental. La ciencia está en condiciones de tomar conciencia de esta “ecosofía” (nota 2) por desarrollar pero solo podrá hacerlo si ejerce una vigilancia crítica sobre la producción y la distribución del conocimiento.

¿Es democracia la que rige en la inequidad de la distribución de la riqueza y del saber?

¿Hay algo más propicio para un estudio científico que la investigación de las condiciones de elaboración y aplicación del saber? ¿No es este tema el escotoma central cuando se debate en términos de la productividad y la conveniencia de aumentar los presupuestos para las universidades y para los programas de aliento a la investigación?

“El compromiso con el conocimiento”: ¿cuál conocimiento? Uno, único: el requerido para la deliberación sobre las condiciones de una auténtica democracia en los tiempos de la automatización mental tecnocientífica (nota 3).

Admito gustosamente la objeción de que para responder a las preguntas de la encuesta he hecho muchas preguntas que también encierran presuposiciones a discutir. Me presto a ello.

NOTAS

1 Deleuze, G.: “Posdata sobre las sociedades de control”. En Conversaciones. Pre-textos, Valencia, 1999.

2 Guattari, F.: ¿Qué es la ecosofía? Cactus, Buenos Aires, 2015.

3 Braunstein, N.A.: El inconsciente, la técnica y el discurso capitalista. México, Siglo XXI Editores, 2014.

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