Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36

Warning: Creating default object from empty value in /home/nestorbr/public_html/escritos/b2evocore/_class_settings.php on line 36
Dr. Néstor Braunstein - "EN EL CENTRO DEL AÑO" por Jaime LABASTIDA

Detalles del post: "EN EL CENTRO DEL AÑO" por Jaime LABASTIDA

11.12.12

Permalink 13:19:38, Categorías: Noticias, 2899 palabras   Spanish (MX)

"EN EL CENTRO DEL AÑO" por Jaime LABASTIDA


JAIME LABASTIDA: PENSADOR Y POETA

Un sobresalto de inquietante extrañeza se apodera de nosotros antes de abrir el libro, desde el momento mismo en que leemos el título del poema de Jaime Labastida, En el centro del año. Al preguntarnos por qué esa rara sensación tomamos conciencia de la paradoja que el poeta propone. “El centro” es un concepto espacial; “el año” es un dato temporal. Para un sujeto el tiempo no tiene centro y el espacio no tiene duración aunque el ingenio fabrique relojes que consiguen espacializar el tiempo y someterlo a la dictadura del número, aunque el infatigable escultor que es el tiempo acabe por dejar sus marcas en el espacio de las rocas y las playas. En el centro del año se estaciona el vértigo. Subrepticiamente, sabiamente, el poeta nos ha llevado a una suerte de oximoron, a un terreno tembloroso que confunde las claras coordenadas en las que quisiéramos vivir.¿Vivir? ¿Puede decirse que la vida tiene centro? ¿Qué sería “el centro de la vida”, de esa vida que se mide en años? ¿La mitad? ¿El medio del camino de nuestra vida? ¿Qué compás podría clavarse en él para dibujar su perímetro?

¿Tiene centro un río que corre desde sus fuentes hacia el mar y que nunca es el mismo? ¿Y qué vida no es excéntrica cuando la corriente nos arrastra hasta el delta de su desembocadura? Nada sabe ni recuerda el río de las nieves de su origen aunque las lleva en sí como un mapa genómico. El mar en donde el río acaba rige su destino sin que él lo sepa; en cada meandro de su cauce está inscripta, no su fuente, no, sino su disolución, el acabamiento de su carrera. No por capricho de geógrafos es Negro el mar del Danubio ni Muerto el del Jordán. O estériles los infinitos y salados océanos en que mueren los demás ríos, los dulces y risueños nilos y rines, fluyendo sin cesar en el Bernini de Piazza Navona, tantas veces atrapados y estancados por las represiones humanas. Así, del mismo modo, es la muerte la razón del nacimiento: ella dirige el curso de cada año y de la suma de los años que conforman una vida.

Pero no es un río el año pues nunca termina así como nunca empieza el anillo urobórico de su continuidad. Ni dura 365 días ni tiene cuatro estaciones sino por definiciones y cortes que le impone la palabra que lo nombra y lo ha usado como medida de los tiempos humanos antes de inventar los años luz. Afectando una docta ignorancia, como la de Nicolás, el de Cusa, podríamos decir que el centro del año está en todas partes y su circunferencia en ninguna. ¿Dónde empieza y dónde termina una banda de Moebius? ¿Dónde una escalera de Escher? ¿Tiene memoria la hormiga humana cuando recorre sus bordes o sube y baja por los escalones del quebradizo edificio que es su tiempo de sembrar y cosechar?
Y sin embargo, en el cantar de Jaime Labastida, guarda la marchitez del otoño el calor del verano y el dulzor de sus frutas así como cada momento exhibe la gloria o la cicatriz de los días pasados. Todos los instantes son el tiempo, todas las espirales son esa espiral de la oreja o del caracol. Nunca retorna el río; siempre lo hace el año.

En el centro del año nace en algún día del verano de 2012 y es un acontecimiento en las letras, no solo mexicanas, un punto en el tiempo que, a diferencia del ciclo solar, es trazo irreversible pues se inscribe en la historia, esa historia que no conoce de identidades sino tan solo de diferencias. Este poema central y descentrado, es obra de una rara avis en la muchedumbre humana: el poeta pensador. Labastida emula al mítico ser al que ya nos referimos, el uroboro del Dichter, el poeta, y el Denker, el pensador. Como se da el caso en no muchos que escogemos por el azar de la memoria: Sófocles, Donne, Goethe, Hölderlin, a veces mal traído y mal llevado por Heidegger, los salmos de Merwin. Gorostiza y Paz entre nosotros, los tropicales paisanos del insólito encuentro de la razón y la belleza. Somos los llamados a percibir el círculo que, como en la parábola solar de Zaratustra o en nuestro escudo, une al águila y la serpiente, al “Edificio de la razón”, el ensayo previo, con el “Centro del año”, su coronación. Entreteje también a la filosofía con la religión, con las ciencias, con la política, con la literatura condensada en unos pocos e imprescindibles epígrafes.

De ahí el anticipado reproche que la envidiosa mezquindad está dispuesta a prodigar: “poesía intelectual”, ausencia de sentimiento, referencias para entendidos . . . como si el entendimiento fuese un defecto y no el don más preciado ⎯y el más escaso⎯ de nuestro ser. Como si la profundidad no fuese buscada sino rebuscada, como si la erudición debiera ocultarse, como si la asunción de las preguntas fundamentales fuese presunción, como si Labastida no se dirigiese a sus iguales, a quienes comparten sus lecturas, sus dudas, su inquietud. Como si costase entender que el arte es parte, parte integral de la filosofía, esa reflexión que no precede al poema sino que lo atraviesa para encontrarse consigo misma en el final.

Más aun, no faltará quien diga “poesía metafísica” ignorando que tal es el máximo epíteto laudatorio que pudiese adscribirse a un poema desde Los trabajos y los días hasta The Wasteland y más allá. En el centro del año es, sí, un poema de raigambre metafísica, no por ambición de sancionar credos o axiomas afirmando la esencia de las cosas sino en un sentido crítico; es meta-metafísico pues apela e incluye las críticas de Nietzsche y Derrida a la metafísica; es disolvente, es mata-metafísico. Demuestra de modo ostensible que no se puede salir de la jaula metafísica pues todo pensamiento sobre “lo que es” incluye la negación del ser, negación de cualquier presencia rutilante del ente que no lima sino que endurece los barrotes de la jaula. En él se encuentran unidas la confirmación y la refutación de la atmósfera metafísica que nos envuelve y que se nos presenta como la más hermética de las cárceles pues es la del lenguaje mismo, ese del que unos pocos como Hölderlin y Nietzsche llegaron a escapar . . . y a qué precio.

Claro, por cierto: la metafísica comienza y termina como una meditación sobre el tiempo y es una condensación de la palabra y la imagen en el momento de ligar en la voz del poeta la gavilla de lo que el discurso de los dioses y los poderosos se esmera en mantener apartado, construyendo tabiques que separan la belleza del bien decir, por una parte, y, por otra, la política que impone el orden de la dominación y las falsas promesas, el doloroso destino de los hombres con sus cabezas llenas de paja mediática y trabajo enajenado, el silenciamiento totalitario del pensamiento crítico de esas insalvables contradicciones, la arquitectura desbocada de los nuevos museos y la caótica destrucción de cuanto hay de más valioso: etnias, lenguas, maderas, especies, minerales, églogas, microclimas y amores. Si hasta el mismo curso de las estaciones (Jahreszeiten ⎯palabra insoslayable⎯ cantadas por Haydn en los albores del romanticismo y recobradas hoy, 200 años después, por Labastida) se ve perturbado y deja de ser una hipótesis fantástica lo que pasaría “si la primavera, por acaso, se retrasara un año, y se negara a suceder a cada invierno” o “si el agua, por ejemplo, ya no quisiera descender, y terca, congelada, se obstinara en estar quieta, entre las nubes”.

Labastida sabe que no puede afirmar verdades finales y ni siquiera provisorias; no hay mensaje, no quiere co-municar ni trans-mitir ni en-señar ni con-vencer a nadie de nada. Nos inundan, y habremos de agradecerlo, las preguntas; más que las preguntas, el gesto mismo, el sustantivo Preguntar que, según nos mintieron, es “la piedad del pensamiento” (Heidegger: “Das Fragen ist die Frömmigkeit des Denkens”). Das Fragen, no el fragen verbal y no Die Fragen. ¿Piedad? ¿Del pensamiento? Nos cuesta creerlo pues la verdadera interrogación no conoce la caridad; es una exigencia que gobierna a la inteligencia, a ella, para siempre apodada “soledad en llamas”. Se impone en mí la imagen de En el centro del año como un árbol florecido a reventar, una enloquecida jacaranda de marzo; en él cada signo de pregunta es una flor celeste y celestial que estalla en medio de los renglones. ¿Será ése el centro del año, el nacimiento de la primavera, el de Botticelli y de Stravinski, el del anuncio que hace Gabriel en marzo de lo que inevitablemente habrá de llegar en diciembre cuando nazca el invierno que llevará los ocres restos del otoño? Sí; todo ángel es terrible pues transporta la epifanía primaveral hasta el corazón del invierno. No hay página en el poema que no esté plagada de estas pequeñas orejas tipográficas, izquierda y derecha, ⎯¿ y ?⎯, que por las ¿gracias? de la lengua española, única en eso entre todas, deben ser dos, siempre dos, pares, simétricas y especulares, erguidas y a la escucha de una respuesta; por ejemplo, “¿Qué impera finalmente en la ciudad? ¿La ley, el orden, el terror, la crueldad, la demencia? ¿El engaño, la muerte, el tiempo enloquecido, la injusticia?” Es evidente que la piedad definitivamente falta en el poema, también el eventual reposo y todo ello por la reiteración salvaje de las preguntas. El autor lo sabe y podemos estar seguros de que no fue nadie sino él quien proclamó que “En el centro del año no existe la tregua.” Al contrario, despótica, disfrazada de misericordia, rigen en el texto la pasión, el poderío, la violencia ⎯diría⎯ de un imperativo que me animo a formular así: “No podrás avanzar en el poema sin desvelarte y sin antes meditar y ofrecer una respuesta, la tuya. Solo así serás merecedor de pasar ⎯¿adónde? ⎯ a la siguiente pregunta, al cuestionamiento de tu ser y de tu responsabilidad en estos enigmas, en estas contradicciones, en esta falsa redundancia de una repetición minimalista donde cada minúsculo cambio de entonación es una nueva intimación a responder más allá del sí y del no, más allá del bien y del mal”. Todo poema de pensador tiene el mismo trasfondo: la nostalgia de la noche en que clandestinamente se unieron su madre, Mnemosine, y su padre, el insomnio. Por la obcecación de las preguntas es que el poema cumple la voluntad del poeta, la de retar al lector a proponer respuestas y multiplicar los infinitos caminos, cuando no abismos, que se abren ante sus pies.

¿Nietzsche? Sí, claro. ¿Y cómo no? ¿Cómo no ubicarse en la estela del eterno retorno cuando del año se trata, cómo no aceptar y amar al destino y decir que sí, siempre sí? ¿Cómo no recordar que en medio del peligro y el dolor crecen la esperanza y lo que salva y que es vocación del poeta la de alzar su palabra como único phármakon contra la muerte misma? ¿Cómo no pensar, desde el poema de Labastida, en la segunda anunciación, la del anti Gabriel, ese otro ángel, el loco, el que aterrizó en las alturas de Sils Maria para anunciar que Dios ha muerto, que nada cabe esperar de él, que no hay redención concebible después de haberlo matado y que solo queda el ejercicio desorbitado de la voluntad de poder para escapar al flujo de succión que deja ese Dios espantado de su creación que se aleja a toda máquina de quienes lo han asesinado dispersándolos en el ciberespacio de la desolación, la anomia y el anonimato?

Volverá el año y con él su centro que está en todas partes pues “todas las cosas vuelven: Sirio y la araña y tus pensamientos actuales y este pensamiento tuyo de que todas las cosas vuelven”. El anillo, en su eterna rotación, orbital y exorbitante, despeja el camino al superhombre, y señala al que no debe regresar, al hombre mezquino, regresivo, reactivo, que el amo necesita e impone con su lenguaje binario de unos y ceros. ¿Cuál de los dos se impondrá?
El poema de Labastida, como pasa con los raros meteoritos alumbrados por un pensador y poeta, no puede olvidar que en la frente de los hombres, esos entes que hablan, esos hablentes, está inscripta la señal de Caín que perpetúa el crimen como acontecimiento histórico y condena al fracaso a toda promesa mesiánica, por más que la especie viva aturdida por la esperanza, según ahí mismo se dice, que yace en el fondo de la caja de Pandora, aspiración de librarse de la culpa por ese crimen, nunca cometido, que “original” llaman. En el crimen da comienzo la historia, esa pesadilla de la que no podemos despertar, ese orden que se nos impone y nos lleva a soñar con la anarquía y luego nos asusta con el fantasma de que el eclipse de la ley abriría paso a la ley de la jungla, donde los lobos están hombrificados cuando en verdad son los hombres quienes están lobotomizados y reducidos a la ataraxia, a la estupidez del espectáculo.

La de Labastida es una metafísica cáustica que responde a ese delito mayor de haber nacido y que se sufre (o se goza) como culpa por el parricidio freudiano, por la desobediencia antigónica a la ley del tirano. En el poema, tal como Dios manda temiendo que se le obedezca, se escenifica una lucha sin cuartel contra las regulaciones del lenguaje, contra los modos acomodados del decir. La rebelión del poeta no podría concretarse si respetase las convenciones de la lengua. Imagino la desazón del traductor cuando deba verter en otro idioma:

¿Despreciaremos la justicia? ¿Hemos de armarnos
contra la justicia? Hay leyes injustas, lo sabemos.
¿Hemos de aborrecer por esto el orden? ¿Acaso
no sabemos que en el orden se encuentra la belleza
y en la belleza la verdad y en ella, al mismo tiempo,
la razón? Lo dijo así, bajo el Sol asesino de la blanca
y pura Atenas, un hombre enamorado del triste
fango del derecho. Pero, ¿qué pasaría si el fuego
desbordara sus fronteras, se saliera de madre
y ascendiera, desde el fondo en tinieblas
de la Tierra y se desparramara luego, en un inmenso
río, sin cauce y sin orillas, por todos los rincones
de la esfera? Imposible vivir sin la belleza, imposible
soportar las condiciones amargas del desorden.

Infinitos son los rincones de esta esfera que habitamos en donde el amante del saber se enamora del fango de las leyes y acaba, pese a todo y dado el mismo rigor que lo impulsa, por incurrir en el infame delito de pensar y preguntar; acaba, decíamos, obedeciendo la sentencia que le exige beber la cicuta que la ciudad le tiene preparada, una cicuta que en ocasiones se vierte ⎯y es la más venenosa de todas⎯ edulcorada, bajo la forma de galardones y pasajes de ida sin vuelta al tétrico panteón de los hombres ilustres.

Sin embargo, no es desesperado el poema porque acaba apelando al, aunque inútil, aunque imposible, de todas maneras, “hermoso y terrible anhelo de vivir”. Como anticipó otro poeta, Samuel Butler, maestro de la excentricidad y desmesurado rebelde cuyo tiempo está aun por llegar:
“Por más que nuestro peregrinaje esté consagrado al olvido y hayamos perdido hasta la memoria de nuestro encuentro, a pesar de todo, nos separaremos y nos reuniremos nuevamente allí donde se reúnen los hombres muertos: en los labios de los que viven”.

Yet meet we shall, and part, and meet again, / Where dead men meet, on lips of living men.

Eso es lo que sucederá en el centro del año.
Néstor A. Braunstein
Cuernavaca, septiembre de 2012
.

Permalink

Comentarios:

Aún no hay Comentarios para este post...

Los comentarios para este post están cerrados.

Dr. Néstor Braunstein

Esta bitácora me permitirá mantener el contacto con mis amigos y con los interesados en el psicoanálisis. Me propongo actualizarla incorporando las actas de las clases que dicto en la Facultad De Filosofía y Letras de la UNAM y resúmenes de las conferencias que dicto. Se podrán leer además algunos artículos, informaciones sobre los libros editados y en prensa y datos de los eventos en los que participaré. Espero que sea un medio de contacto interactivo y mantener correspondencia sobre los diferentes temas.

Junio 2017
Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
<<  <   >  >>
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30    

Buscar

Linkblog

Instituciones

  • ACTUALIZACIÓN DEL CURRICULUM

    Hace bastante tiempo que no actualizo en esta blog el curriculum vitae. En los años transcurridos desde la última vez que lo hice tuve la oportunidad de continuar dictando mis seminarios en la UNAM (en este semestre estoy de "vacaciones" para poder terminar tres libros que tengo en marcha), impartí seminarios y conferencias en distintas partes y me dispongo a continuar con esas actividades en Argentina, Colombia, Francia, España y EEUU (San Francisco y Princeton), he publicado unos cuantos libros y artículos en varias lenguas y tengo en prensa cuatro nuevos libros. Puede parecer mucho pero, en realidad, es tan solo más de lo mismo. Lo inscribo en este espacio como constancia de una trayectoria y eso es para los amigos que puedan interesarse en ella. Como lo he anticipado en "MEMORIA Y ESPANTO", el curriculum es una autobiofrafía prosopagnósica. Lo importante de la vida de alguien, la mía en particular, está en otra parte y para exponerlo es preferible pasar por la prosopoclastia a la que invita el psicoanálisis. Lo importante es el amor, las amistades, las experiencias vividas, el goce habido y el goce renunciado. De todos modos, para los curiosos...
    ]más

    Permalink
  • ENRIQUE LYNCH - portal

    Enrique Lynch, además de dar forma y viento a LAS NUBES tiene un excepcional site personal que recomiendo también
    Enrique Lynch

    Permalink
  • LAS NUBES. Barcelona

    Esta publicación electrónica, dirigida por el prestigioso ensayista y filósofo Enrique Lynch ha difundido ya siete números que son verdaderamente una fuente de inspiración para los interesados en los temas que se trabajan en este portal.
    Fervorosamente recomendada.
    LAS NUBES

    Permalink
  • SÉRGIO TELLES - portal

    Sérgio Telles vive en la populosa ciudad de Sâo Paulo donde ejerce el psicoanálisis y sostiene un portal en donde aparecen las referencias a sus múltiples publicaciones, sus reflexiones sobre clínica psicoanalítica y sobre cine. Es además un excelente narrador y, por sobre todo, un gran amigo. Me complazco en recomendar que se le visite en
    Sérgio Telles

    Permalink

Otros

Encadenar esta bitácora XML

What is RSS?

powered by
b2evolution